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Soy una persona inquieta, que ama la vida en toda su extensión de la palabra y disfruta escribiendo lo que percibe de ella, saboreando cada palmo de lo vivido. soy terapeuta holistico.

jueves, 6 de noviembre de 2008

El valor de algo a tu tamaño


El valor de algo a tu tamaño


Recuerdo cuando mí querida niña tenía 3 años, fuimos a un centro comercial a comprar algo que requería para los alimentos de esa semana. Al pasar por uno de los corredores de la Plaza Tutuli (que en Yaquí quiere decir plaza bonita) en un escaparate había una sillita de plástico muy bonita para niños, mi hija la quería, conté el dinero que me quedaba para el transporte y ví que no la podía comprar a menos que nos regresáramos a pie y la verdad nos quedaba muy lejos. Su padre no podía ir por nosotras por que no se encontraba cerca. Todo el camino lloro por la famosa sillita (hoy en día entiendo que para un niño o niña es importante el mobiliario de su tamaño y que las personas al hablar con ellas las subamos en nuestros brazos hasta tenerlas a la altura de nuestros ojos para que se sientas en igualdad de circunstancias sin intimidarse, dándoles seguridad psicológica en su desarrollo, o bien sentarse sobre los talones para bajar a su altura. Eso lo aprendí poco después al estudiar algo de psicología infantil.

En cuanto pude fui y le compre la silla. No recuerdo algo que disfrutara con mayor entusiasmo que su silla, la utilizaba en todo lo que necesitaba, le tuvimos que conseguir una mesita también a su alcance, porque ahí comía ella con mayor gusto. En un mundo a su tamaño. Poco después compre otras más para cuando tenia visita y traían niños, ¡Como las disfrutaban!. Cuando salíamos al campo solía subir al auto 2 o 3 sillas de esas, que incluso hasta yo y su padre las usábamos para sentarnos mientras se le hacia un columpio con una cuerda y un tronco de asiento para que se meciera. Mientras calentábamos tacos en las brazas o asábamos elotes en su propia hoja sobre las flamas de una lumbrada para comer justo bajo ese árbol que servia para el columpio de mi hija.

La generosidad e los niños.

Un día en que fuimos a la sierra de Chihuahua a ver la maravillosa Cascada de Basaseachi que al parecer es una de las más altas del mundos (dentro de las primeras 7 tiene 246 m. de altura), cuando veníamos de regreso llegamos a un pueblito antes de terminar de bajar la sierra, para entrar a sentir los cantos rodados en nuestros pies descalzos al adentrarnos en las aguas del río, que pasaba a orillas del pueblo. Recuerdo, que entramos al pueblo y nos acercamos a un abarrote, que disponía de un refrigerador para refrescos utilizando la energía solar, ya que ahí aun no entra la energía eléctrica. Compramos alguna cosa, en eso se acerco una niña al auto, miraba con arrobo las sillitas de plástico. Recordé lo que mi hija había sentido, no pude menos que desear regalarle una. No me atrevía a hacerlo para no lastimar a mi hija, pues una era la que a ella le había costado lagrimas y la otra era nueva y ella las sentía suyas. Así que como no queriendo le deje caer la idea a su corazón y le dije –mija ¿cual le regalarías a la niña si quisieras hacerlo?- y le señale las sillas, ella sin titubear tomo la más viejita (por la que había llorado) y se la entrego diciendo –toma será tu regalo de navidad que ya casi es- en eso se acerco otra niña como diciendo –¿y yo que? En su rostro denotaba las ganas de decir dame una - no pude menos que sonreír al ver a mi hija tomar la otra silla y entregársela junto con su corazón y a punto de abrazarla diciéndole – esta es para tí, también tu regalo de navidad- en un momento, mi hija había regalado algo que era muy importante para ella sin siquiera sentir el dolor, sino regocijo, por poder hacer felices a otras personas (quizá se reflejaba en ellas). Por supuesto que en cuanto pude le compre otra y le dí las gracias por su generosidad. Quizá si yo las doy sin su consentimiento se hubiera sentido agredida y despojada, pero como no se realizo así, sino que se le dejo fluir sus sentimientos, hizo justo lo que yo hubiera hecho si fueran mías.

Aprendí lo importante que es respetar las cosas de nuestros hijos y no tomar decisiones sobre sus deseos y cosas, que es mejor estimular sus sentimientos, para que aflore su generosidad, permitiendo que disfruten de su acción, en ves de sentirse despojados de sus cosas sin su consentimiento.

Nunca ví el rostro de mi hija con mayor satisfacción que el que le produjo ese desprendimiento generoso.


Querido lector ¿Qué pasaría si a los constructores se les ocurriera hacer los mubles de sanitarios a la altura de los niños en las recamaras destinadas para ellos?
No recuerdo haber visto una clínica pediátrica con los baños para sus clientes, siempre son para adultos.
Y las escuelas de pequeños, la verdad no me he fijado, pero creo que los baños están para sus profesores y no para sus estudiantes pequeños.

¿Usted que cree?


Celia Rivera Gutièrrez
Cd. Obregón Sonora, México
noviembre 6 del 2008

12 comentarios:

mi despertar dijo...

Me dejaste pensando con tu escrito real...mente...........bueno. Feliz finde desde Miami

Adolfo Payés dijo...

Buen fin de semana, leyendo-te siempre siempre termino reflexionando...

saludos fraternos... un abrazo

Celia Rivera Gutierrez dijo...

Gracias mi despertar
tambien buen fin de semana hasta Miami

Un abrazo para tus pensamientos y poara tí

Celia Rivera Gutierrez dijo...

Adolfo, siempre es bueno reflexionar en lo que sucede a nuestro alrededor, para ver, que es lo que realmente requiere nuestra atención y no quedarnos atrapados en lo que nosotros creemos que es lo mejor.

Gracias por venir a mis letras y pensar un poco junto conmigo.

MARAIA BLACKE dijo...

Hola Celia otra vez!
Te cuento que automaticamente no pude evitar recordar cuando hace más de 20 años, llevaba a pasear a mis sobrinas de 7 y 5 y medio años y mis limitados ingresos no permitían comprarle todo lo que hubiera querido...Ella sabían eso y jamás pedían y si lo hacían -como ocurrio una vez- debían elegir. Aquella vez fue Helados y caminar a casa (+ de 20 cuadras), eligieron el helado y caminamos muy felices las tres...
En cuanto al otro tema, ´creo que en los niños hay una generosidad innata que debe ser cultivada... aveces somos los adultos quienes "arruinamos" sus buenos sentimientos.
En cuanto a lo último, te cuento que aqui en Argentina, los baños de los lugares pediatricos (algunos) y los colegios (privados) tienen sanitarios del tamaño pequeño, para nuestros grandes niños.
Te dejo un beso y perdon por lo extenso!!

Celia Rivera Gutierrez dijo...

Gracias Maraia.
Me es grato saber que existen lugares que ponen las cosas al tamaño de quienes las necesitan (aunque sea en los privados).

Tienes razón en cuanto a los sentimientos de los niños, los adultos los arruinamos.

En cuanto a elegir en caminar y comprar, para mí, era difícil, pues me hubiera llevado unas 2 horas la caminata en un sol calcinante (por acá los veranos son más de 40 grados centígrados) cargando bolsas de compra y cuidando a una pequeña de 3 años, en ese entonces los centros comerciales no abundaban cerca de uno como ahora.
En cuanto a negociar yo hubiera podido convencer a mi hija que después iría a comprársela para que no llorara, pero era tan pequeña como para que entendiera el después.
Ahora cada caso requiere una atención distinta dependiendo del tiempo y espacio en que se ubica, así como del grado de responsabilidad del adulto que acompaña al niño. No es lo mismo salir a pasear con un tío o tía, o salir con sus maestros, salir con abuelos o salir con sus padres.

Si eres madre entenderás lo que te digo porque lo habrás vivido. Un niño que sale con un tío, a sabiendas que no tiene obligaciones para con él no le pide más de lo que le ofrece (depende de la edad) si se le antoja algo y le dice no puedo comprártelo, en su interior piensa –se lo pediré a mamá- y así lo hacen llegan y dicen -ví esto y esto cómpramelo yo lo quiero-

En mis años mozos yo solía sacar a paseo, por que sí a los niños de los vecinos, me encantaba. Y nunca me pedían lo que yo no les ofrecía. Pero lo que ellos deseaban se lo pedían a sus padres.

Un abrazo Maraira, gracias por tu aportación tan valiosa siempre se aprende algo, y mis felicitaciones para Argentina por tomar en cuenta a este sector de la población

PD.disculpa el mio fue mas largo que el tuyo

Roberto Esmoris Lara dijo...

Abrazos, Celia...
pequeñas historias de vida que hacen a la vida mucho más grande.
Besos,. amiga.

REL

Celia Rivera Gutierrez dijo...

Ya te extrañaba Roberto tardaste en venir a saludarme, pero aquí estas… sintiendo esas pequeñas historias de vida, en la vida misma. Besos para ti amigo querido. Que lleguen hasta tu Mar del Tuyú.

Celia

ILUSION dijo...

Hola Celia¡

Una persona generosa es aquella que es capaz de desprenderse de algo que tiene, y si viene de parte de niños es mas hermoso todavía, ya que la generosidad es desinteresada.Muy Bonito¡. En cuanto a la constucción de sanitarios para los niños, en un futuro lo veremos..

Besitos¡¡

Celia Rivera Gutierrez dijo...

ILUSION
Gracias por estar aquí.
Tienes razón, es mucho más hermosa si la generosidad viene de los niños, por ser más limpia y genuina, tenemos mucho que aprender de ellos.
Yo, como tú, espero que se empiece a ver las construcciones de sanitarios para niños así como los lavabos, les he visto de puntitas o siendo levantados por otros niños para que alcancen a lavarse las manos. Esto se debe ver incluso en terminales de autobuses y aeropuertos y cines. Es un sueño que espero se haga realidad pronto.
Un abrazo y un beso para tí Ilusion

©Claudia Isabel dijo...

Una historia entrañable, como suelen ser las historias con niños...nuestros pequeños-grandes maestros en la vida!
Un abrazo

Celia Rivera Gutierrez dijo...

Así, es Claudia,
Siiempre tendremos que aprender de los niños, son genuinos, algo que al crecer hemos perdido y tendremos que recuperar.

Un abrazo de mi parte

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