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Soy una persona inquieta, que ama la vida en toda su extensión de la palabra y disfruta escribiendo lo que percibe de ella, saboreando cada palmo de lo vivido. soy terapeuta holistico.

domingo, 15 de febrero de 2009

LAS ZAPATILLAS DESOBEDIENTES


Las zapatillas estaban disgustadas porque no les permitían elegir los pies que deseaban calzar, se sentían muy hermosas como para que cualquiera las calzara.

Le decía una a la otra, -no calzare a nadie a menos que sean los pies de una princesa-

Sucedió que una chica las compro, le parecieron hermosamente femeninas y de ellas se prendo, tienen unos lindos cordoncitos de piel que se enredan coquetamente a las pantorrillas. Y aseguran que merecen los mejores pies. La chica los uso por un rato y se dio cuenta que se le doblaban las piernas en momentos no muy apropiados y casi la tiraba al piso o le torcían los tobillos, la hacían que practicara malabarismos de equilibrio para no sufrir una dislocación en su tobillo. Pensó… la chica, que quizá se debía, a que ella en particular no solía usar mucho zapatitos hermoso y solía usar tipo tenis informal. Así que le dijo a su señora madre:
-mamá ¿recuerdas aquellas zapatillas que usabas cuando yo era pequeña y que me parecías muy hermosa? Pues bien compre estas zapatillas pero no las sé usar y quiero vértelas lucir como cuando yo era niña.

Las zapatillas… no cabían en su asombro, al darse cuenta, que su estrategia no había funcionado, pues solamente cambiarían de dueña y de pies.

Sucedió… que un día la dama se las coloco en sus pies y al caminar sintió que la querían tumbar, pensó, que se debía, a que había estado un poco débil y por eso se tambaleo, pero no se dio cuenta, que eran las zapatillas, que se la querían sacudir de encima.
Las guardo dentro de un mueble por algún tiempo y se olvido un poco de ellas.

Se vino el frío y se le olvido las zapatillas, pensando en solo ponerse calzado calientito de acuerdo a la estación invernal. Ellas estaban malhumoradas pensando que ahí nunca encontrarían unos pies dignos de calzar.

Se anuncio el cumpleaños de la chica y toda la familia estaría presente, a la señora se le ocurrió ignorar un poco el frío y ponerse un lindo vestido y sus zapatillas, regalo que le había hecho su hija cumpleañera. Se veía linda, muy señora y con una sonrisa primorosa, se llevo una ovación cuando la vieron aparecer. Las zapatillas se sorprendieron al darse cuenta de la admiración causada y pensaron en forma egocéntrica que se referían solo a ellas, que sin ellas la señora no luciría, y ellas se convencieron aun más de que tenían que calzar a una mejor dama, y de ser posible palaciega.

URDIERON UNA ACTUACIÓN

Se pusieron de acuerdo, de cómo dejar a la dama en ridículo, para que se deshiciera de ellas y poder irse a recorrer mundo hasta encontrar una dama de acuerdo a su categoría.
Estaban todos reunidos unos en la mesa de donde se acababa de comer y seguían con la sobremesa, otros en la sala muy cerca del comedor participando en forma más relajada de la sobremesa.. La chica estaba en la cocina dando unos toques para desalojar espacios que se habían ocupado en los menesteres de la comida.. Las zapatillas estaban atentas esperando un momento especial.
-Ahí vamos dijo una a la otra, ¿lista para actuar?- así es- contesto la derecha –mientras yo la tumbo, tú jalas la silla de tal forma que la golpee en la cara, que caiga hacia tras y que siga tumbando cosas ¿esta bien? Adelante dijo la izquierda.

Cuando la señora se presentó, a acomodar algunas cosa a la mesa, de pronto sintió, que se le doblo el pie derecho y perdió el equilibrio, cayo tan aparatosamente que se le vino una silla encima y la golpeo en el ojo izquierdo, en el tabique y la cuenta del ojo, ella sintió que su ojo se humedecía como si hubiera reventado y dolía los huesos de la cuenca de su ojo. Quedó sentada sintiendo que quizá perdería ese órgano y sintiendo que perdería la conciencia, con los ojos cerrados se dio cuenta que algunas personas la tomaban casi en vilo para levantarla pidió la dejasen ahí un momento, pidió hielo para evitar un moretón, que pareciera que había tenido una riña conyugal. Aun sin abrir los ojos se dio cuenta, que por ahora ya la levantaban y la sentaban en otra silla. Alguien más le descalzaba y le traían otras zapatillas más suaves y sedosas que sustituían las anteriores. Ahí se quedo sentada hasta que se sintió recuperada.

EL DESTINO DE LAS SAPATILLAS DESOBEDIENTES

Las zapatillas fueron arrinconadas a pesar de su belleza, y se tomo la decisión de que se quedarían ahí escondidas por su mal comportamiento, no pueden regalarse, porque sería regalar calamidad, no se pueden vender porque sería engañar ya que ellas son caprichosas y pueden lastimar a cualquiera. Ellas deseaban que las sacaran a la banqueta para caminar a su antojo y correr mundo para encontrar a alguien digno de calzar. Pero no serán sacadas ni a la basura, porque pueden hacer daño. Así que su castigo será permanecer enseradas en la penumbra hasta los siglos de los siglos.

Querido lector
¿Cual crees, que debería ser la actuación de sanción a estas rebeldes zapatillas, se estará haciendo lo correcto y no escaparán para hacer de las suyas?

Dame tu opinión


Celia Rivera Gutiérrez
Cd. Obregón Sonora, México
Febrero 16 del 2009

5 comentarios:

Alejandra Menassa dijo...

Hola Celia. Me apreció una buena lección para muchos que se creen demasiado dignos para hacer ciertos trabajos, o para tratar con personas que consideran -erróneamente. inferiores. Al final, se quedan solos, sin amigos y encerrados en su propio narcisismo exacerbado.
Un beso Celia, me gustó el cuento, se lee bien y te dan ganas de seguir leyendo.

Alodia dijo...

Un cuento muy original y divertido. Dichosas las zapatillas!!! Yo las hubiera tirado a un container. Besos

ILUSION dijo...

Hola Celia¡

Hermosas zapatillas y el castigo muy bueno¡¡¡
Besitos¡¡

Gabriela dijo...

Hola!
Este cuento me recuerda a un ejercicio de clase que hice, sobre unos zapatitos y una niña :) creo que lo buscaré...
en fin, me parece una historia con doble intención, que pretende ser un cuento inocente, pero con un gran mensaje que se puede leer como moraleja, o como analogía sobre cómo solemos ser los humanos a veces, caprichosos y despectivos que atentamos contra los de nuestra propia especie con tal de tener absoluta comodidad, actitud de egocentrismo, sin importar el otro...
Esas zapatillas seguramente eran muy bonitas a los ojos de la hija y la madre, pero seguramente, mientras estuvieron en el aparador, hubo quien pensó que eran feas...la belleza física es relativa, la belleza interna es la verdadera...no debemos olvidar quienes somos, de dónde venimos y cómo en nuestras manos está nuestro propio destino; y en esta reflexión sólo se me ocurre esta palabra: humildad...

Gracias por hacerme pensar y reflexionar un poco Celia.
Hace mucho que no pasaba por aquí, que esté bien.
:)

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Es un placer leerte. Son relatos que te fundes en ellos, celia.
Un beso grande

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