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Celia Rivera Gutiérrez
Soy una persona inquieta, que ama la vida en toda su extensión de la palabra y disfruta escribiendo lo que percibe de ella, saboreando cada palmo de lo vivido. soy terapeuta holistico.
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lunes 23 de noviembre de 2009

¿RACIMOS DE UVAS?

Venían como duendes colgantes que parecían racimos de uvas, unas de color escarlata, otras color cariño, o bien color a nuez o color ternura. Sus atuendos eran exquisitos y sus rizos dorados imitando al color del trigo cuando ha madurado. Me quedé mirando con arrobo y detenidamente. No aquello no eran uvas por más que se le parecieran, ¿desde cuando las uvas visten atuendos de fino sastre y exquisita seda? ¿Desde cuando hacen un murmullo de cantos suaves que adormecen el alma para soñar quimeras? ¿Desde cuando tienen colores distintos imitando la primavera? Indudablemente uvas no eran.


Me quede escuchando sus indiscretas conversaciones donde daban santo y seña de los hechos en sus rincones de procedencia. Más bien parecía una convención donde se reunía a contar sus hechos y a disfrutar lo que habían hecho al contárselo unas a otras sin el menor recato.


Unas provenían de la provincia y contaban sus hazañas otras de las grandes urbes que las tenían cansadas, otras más de humildes viviendas donde casi todos sufren. Pero todas hacían su trabajo sin importar donde. ¿Quiénes eran estas diminutas criaturas que al principio parecían uvas? Aguce el olfato y olían exquisito como si se hubieran bañado en las aguas del Nilo y se hubieran perfumado con los perfumes en el interior de las flores en sus vestíbulo, de ahí cerquita de donde sale su aroma y perfume, que baña a las doncellas en noches lubricas.


Estaba intrigada y aguce la vista. Sí, tenían rasgos exquisitos y una hermosa sonrisa, parecía que querían curar todos los dolores que trae la gente por sus prisas. ¿Serían doctoras? o ¿quizá enfermeras? Parecía que les gustaba curar el alma de quienes sufren sus penas o bien engrandecer sus alegrías cuando estas se aparecían en la escena.


Unas eran expertas en el sonido de las cataratas del Niagara y las aguas corrientes imprimiendo su sonido y aroma para que lo percibiera su cliente en sus escritos de amores y guerras. Otras eran expertas en el viento que ruge y cambia de direcciones para hacerse sentir de aquellos corazones que buscan su aroma y su canto de viento perenne llenándoles el alma de encanto y haciéndolo cómplice de sus deseos para llevarlos a donde quieran en estos mundos de esmeros. Otras eran expertas en las emociones de la luna, para hacer cantar al poeta en sus noches de amores y niños de cuna. Otras tenían ojos de estrellas que engalanan el alma para aquellos corazones que se llenan de dones para conquistar el alma de sus sueños de amores.


¿Ahora ya sabes quienes eran esos racimos de uvas, que no eran uvas? Sí, creo que ya lo sabes al igual que se dieron cuenta mis sentidos, que aguce para darme cuenta quienes olían a hierba y a perfumes de campo confundiéndolo con uvas en esos hermosos campos, y quienes canturreaban los dulces sones que hacen bailar y sentir la vida en nuestros corazones. Son tus y mis musas que se fueron de fiesta para tomar acuerdos en lo que sigue después de un descanso de tanto trabajo que se echan a cuestas.



Celia Rivera Gutiérrez

Cd. Obregón Sonora, México

Octubre 19 del 2009

martes 17 de noviembre de 2009

SUEÑO

La vida es un sueño, que sueña un gigante. El gigante duerme y su sueño es de milenios de la tierra. Cuando se fue a dormir, se recostó en su lecho y al dormirse comenzó a soñar. Soñó, que de él salían millones de lucecitas y poblaban su alrededor. Y en esas lucecitas soñó, que se rodeaban de pequeñas bolitas y en esas bolitas se le ocurrió en su sueño, que surgían pequeños seres que las habitarían y así en una lucecita de pequeñas bolitas, una de ellas se lleno de seres que pensaban que ellos eran importantes sin darse cuenta que en realidad son un suspiro del sueño del gigante.

El gigante duerme, duerme y duerme solo una noche de su mundo, para despertar al amanecer siendo corto su dormir. Aunque para las criaturas que surgen en su sueño es grande el tiempo, y pueden surgir milenio tras milenio tras milenio, donde surgen seres y mueren al instante del tiempo del gigante, mientras que para ellos es de mucho tiempo. En una noche del gigante, surgen civilizaciones, que nacen y mueren una tras otras como castillos de naipes tan efímeros como un suspiro del suspiro del gigante.

Solo soy un sueño, que se esfuma aun antes del despertar del que sueña mi existencia, ese sueño me da vida, vida que se esfuma tan efímera, vida como el sueño que deja de ser sueño cuando se despierta.

Yo duermo un sueño de un medio día de 24 horas, y también en mi sueño se poblan los lugares que sueño dando vida a lo soñado a seres, que se creen vivos mientras solo son mis sueños. Solo somos sueños sobre sueño y más sueño de quienes sueñan mientras hacemos fiestas y hacemos guerras y gozamos y sufrimos y amamos y lloramos e iluminamos nuestro ser. De los sueños en los sueños que se sueñan.

Eres un sueño, soy un sueño somos sueños que alguien sueña y que a su vez es soñado por alguien más que sueña.

Cuando me veo en el sueño del que sueña, me sonrío y no puedo tomar nada en serio como para darme el lujo de sufrir de lo que solamente es un sueño que se sueña, así que mejor sonrío, y palpo mi corazón que sueña con el amor sobrepuesto a otro sueño que alguien más sueña. Y me siento como en nubes soñadas del gigante que sueña donde soy un ángel que le cuida aunque no tenga alas, o quizá sea como una hada que solo se vería con microscopio si el gigante me mirará.

Soy un sueño de quien sueña la vida, de la cual fui parida y se esfumará cuando despierte el que sueña cuando sueña mi vida.

Sueños.


Celia Rivera Gutiérrez
Cd. Obregón Sonora, México
Noviembre del 2009

lunes 2 de noviembre de 2009

EL PERSONAJE DEL SOMBRERO (EN DÍA DE MUERTOS)

Estaba ahí sentado con el sombrero que le cubría el rostro, ya que la cabeza la tenia inclinada sobre las rodilla, estaba sentado un poco antes del cruce del camino donde la senda hacia un recodo a su izquierda. Parecía una figura hecha de piedra que era inamovible. Sus guaraches tenían huella de haber caminado grandes trechos y que se habían desgastado por el uso forzado en su continuo caminar. Sus ropas de manta un tanto tiesas ya que denotaba que hacia mucho tiempo que no se lavaban, como si aquel personaje que parecía estático estuviera por fin reposando un poco de su larga caminata y se negara a ponerse nuevamente en movimiento.

Por ese camino solía pasar don Juan para ver a su dama a escondidas de su señor y hacerle el amor salvajemente como lo hacia a diario que el amo de la casa no estaba cerca. En esta ocasión don Juan sabio que el amo había ido al pueblo por el señor cura ya que quería, que fuese a hacer unas oraciones en la pequeña propiedad que había signado como el lugar de reposo para sus muertos y como era precisamente el día de muertos quería oraciones para sus difuntos que se encontraban ahí sepultados. Don Juan sabiendo esto, porque había recibido un mensaje de la dama, se apresuraba a llegar y disfrutar con lujuria lo que pusieran en su alcance. Era sumamente placentero poder disfrutar de lo que le ofrecía, y se hacia más delicioso si lo hacia con el sabor del engaño al amo y señor de vidas y haciendas.

Don Juan iba en su caballo cuando de pronto el caballo se paro sobre las patas traseras y negándose a seguir adelante a pesar de que su amo que le montaba le exigía continuar. El pobre bruto relinchaba con desespero y asustado como si tuviera una barrera de cristal que no le permitía avanzar porque chocaba. Después de varios intentos de querer hacer proseguir a su cabalgadura y que esta se resistía, trató de respirar profundo y de ver la causa de tan inusitado hecho. Entonces reparó en la figura del personaje que se encontraba ahí sentado. Quiso saludarle. Diciendo: -buenas tardes mi amigo- el personaje ni siquiera se inmutó o hizo señal alguna de haberle escuchado. Don Juan con curiosidad se le acerco un poco más y le extendió su mano –buenas tardes caballero ¿esta usted bien?. el personaje emitió un sonido indescifrable sin moverse un mínimo. Don Juan ya picado por la curiosidad se acercó un poco más y levantó un poco el ala del sombrero. En ese momento se le erizo la piel y desorbitó sus ojos.

Trato de proseguir su camino, pero su caballo se negaba a seguir adelante. Entonces trató de irse corriendo a pie. Y cuando dió vuelta en el recodo, de pronto vio al mismo personaje sentado y en el mismo sitio, como si él no hubiera caminado nada, intentó de nuevo huir y le pasó lo mismo. Ya no sabia que hacer pues al parecer había quedado atrapado ahí. Cuanto intento hizo para irse seguía llegando al mismo punto de partida.
Entonces decidió encara el asunto y preguntar al desconocido si sabia que estaba pasando. Con miedo se acerco al desconocido y le toco el hombro suavemente, el personaje levantó su rostro carente de pupilas, su sonrisa sin labios y sus pómulos sin mejillas. Le dijo –vengo por tí, no me hagas esperar, acompáñame que te mostraré algo, caminaron unos pasos más y apareció el borde de un lago donde le pidió se asomara y viera su rostro reflejado, Juan se asomo y vio su cuerpo envuelto en un ropaje especial y metido en un féretro. Gente que le rodeaba y lloraba y otros que decían que no era para menos, pues tarde o temprano pagaría lo que hacia. Quiso indagar que estaba pasando ahí, y porque se veía así mismo en esas circunstancias, pero el hombre misterioso había desaparecido y en la orilla del lago esperaba un barquero no menos misterioso que el personaje que le había bordado y le había conducido hasta ahí, el barquero con un ademán le indico que subiera para cruzarle al otro lado, mientras la luna se ocultaba en forma un tanto macabra y la oscuridad se enseñoreaba del lugar haciendo que los elementos de la naturaleza parecieran fantasmas sacados de los pensamientos más oscuros y tomaran formas gigantescas.

Entonces despertó agitado en los brazos de su dama mientras que el amo apuntaba directo a su persona con el rifle de cacería y un individuo vestido de manta y de sombrero, sonreía con un rostro descarnado.


Celia Rivera Gutiérrez
Cd Obregón Sonora México
02 de nov. del 2009

viernes 30 de octubre de 2009

ADORACION NOCTURNA

Cada semana solían ir en la noche a montar guardia en el templo de la población distintos grupos de personas, en una ocasión le correspondía a cierta ranchería en otra tocaba a otra y así sucesivamente. En el mismo pueblo formaban parte de esos grupos.
Así que cada mes, en la familia de alado; el padre, la madre y los hijos mayores se iban a la iglesia en la noche y regresaban en la madrugada dejando a sus pequeños dizque dormidos. Era muy importante para los adultos hacerle guardia al santísimo, que se exponía en el altar para que se hiciera oración toda la noche. Las criaturas son muy sensibles a la falta de la presencia de los padres y aunque estén profundamente dormidos sienten su protección y cuidado junto a ellos. Cuando los padres les dejan solos, sienten esa soledad y aunque estén profundamente dormidos se despiertan sintiendo que no están siendo protegidos, que sus padres no están montando guardia por su seguridad. Y se despiertan asustados y angustiados.

Así sucedía con los niños de esa familia. En cuanto los adultos salían y se iban, los chicos despertaban y lloraban toda la noche hasta que caían rendidos de cansancio de tanto llorar y se quedaban dormidos de nuevo, cuando los padres volvían los encontraban dormidos y se sentían felices pensando que sus hijos estaba bien y no había pasado nada. Recuerdo que se acercaban a la su puerta llorando queriendo abrirla y se encontraban encerrados con llave, nadie podía entrar a hacerles compañía o a consolarlos aunque escucharan su llanto. En algunas ocasiones mi madre se sentaba junto a su puerta y les hablaba diciéndoles que estaba ahí y que no estaban solos y que sus padres no tardarían, se controlaban un poco, y se quedaron dormir.

Un día mi madre les dijo lo que pasaba y no le creyeron, dijeron que sus hijos se quedaban dormidos y así los encontraban, hasta que un día los encontraron dormidos junto a la puerta hechos bolita porque sentían la calidez de mi madre que les hablaba confortándolos. Entonces se dieron cuenta lo que realmente pasaba.

Parece ser, según he observado, que los niños tienen un radar muy amplio de percepción aunque estén dormidos, y sienten el calor materno junto así, pues recuerdo, que cuando llegue a Sonora, una vecina mía tenia un niño de un año y cuando estaba cocinando y le faltaba algo salía a la tienda de la esquina a comprar lo que le faltaba y cuando su niño estaba durmiendo lo dejaba, pensando que regresaría en 5 o 10 minutos y su niño no se daría cuenta. Era tan falso eso de que no se daría cuenta, que en cuanto ella salía, su niño despertaba y salía llorando y llegaba a mi casa para preguntarme por su mamá, en ese momento yo sabia lo que estaba pasando y lo pasaba a mi casa y le decía que ella había ido a la tienda a comprar algo y que no tardaría. Así era, en unos cuantos minutos aparecía la madre buscándolo.

Entonces comprendí que existe un lazo tan poderoso entre madre e hijos y una percepción tan fina que a los niños les dice cuando son cuidados y protegidos y cuando no lo son aunque estén dormidos.

Querido lector. Espero que sientas esa suavidad de la niñez y la disfrutes, preguntándote si vale la pena aquello a lo que le das mucho valor y te pone en la posición de descuidar estas hermosas flores que la vida puso en tus manos y bajo tu resguardo para montar guardia por su seguridad.


Hasta la próxima

Celia rivera Gutiérrez
Cd Obregón Sonora
31 de Octubre del 2009

domingo 18 de octubre de 2009

EL GÜERO


Era un hombre misterioso que de pronto aparecía y desaparecía. Le decían el güero y se jactaba de que el gobierno no le podía hacer nada, dado que si quería desaparecía ante sus ojos y les ponía dificultades para que no caminaran rápido o fácilmente.

La verdad, que cuando me contaban esas historias me daba un poco de escalofrió porque presentía que de ser verdad, que eso se podía hacer, cualquiera entraría a mi habitación y vería todo lo que yo hiciera, hasta el desvestirme para cambiarme. Parecía cosas del diablo mismo, y se podía creer que así fuera ya que en esas épocas nos lo metían hasta en la sopa que comíamos.

Ahí sentados bajo la tenue luz de la luna se charlaba sobre todas esas peripecias del Güero que en la época de la revolución cristera había peleado por el lado de los cristeros.

Se decía, que poseía el secreto de los nahuales que tienen el privilegio de camuflarse en cualquier momento o de hacer aparecer cosas que no existían en esos sitios.
Se decía, que en cierta ocasión en que le iban pisando los talones los del gobierno de Calles, simplemente saco un espejo de su bolsillo y lo arrojo tras de si, y se convirtió en un hermoso lago difícil de atravesar sin canoas, y que los caballos mismos se negaban a entrar en el. Quizá los pobres brutos si veían la realidad que se había distorsionado para los soldados y se daban cuenta del engaño ahí expuesto, o quizás percibían algo anormal y diabólico frente a ellos, ¿Qué sería lo que presentían los pobres caballos? Nadie lo supo y nadie lo sabe a menos que tuvieran el privilegio de hablar su idioma.
El Güero los podía escuchar decir que sus amos estaban locos al querer que hicieran cosas irracionales y que no se pudieran realizar. Decía un caballo a otro -¿que locura esta? ¿Qué esta pasando que nos quieren obligar a pasar por estas laderas sin precaución alguna?-, no lo se decía el otro caballo y se paraba de patas levantando las delanteras para negarse a seguir por donde se les ordenaba.

El Güero simplemente se escondió tras unos matorrales a reírse de las caras de los soldados que trataban de cruzar tal lago. En otra ocasión en que ya le tenían casi detenido simplemente saco de su bolsillo un peine y lo arrojo tras de si, y los dientes del peine se convirtieron en un cerco muy cerrado que les era imposible franquear, a parte del miedo que se apoderaba de los rostros de los soldados al ver que el mundo se les cambiaba de repente. Sabían que ahí andaba algo raro. O era milagro de la divinidad para proteger a sus perseguidos o el mismísimo diablo estaba en su contra y a favor de los cristeros. Tuvieron que desistir de su persecución ya que ni los animales les obedecían. Esos misterios quedaron resguardados en la memoria de la gente de los ranchos donde el Güero solía visitarles y contar sus anécdotas.

Se decía con asombro de los rancheros, que un Nahual podía convertirse en líquido y pasar por debajo de una puerta y que el Güero así sorprendía a sus perseguidores.
O se podían convertir en una ráfaga de viento y pasar junto con los demás a las mismas instalaciones haciendo una labor de espionaje.

Desde entonces, por las dudas, todos tratan de escuchar el viento para reconocer cuando alguien esta camuflado en él. Y tratan de reconocer la humedad del agua para que nadie les engañe en ciertas situaciones de la vida, no vaya a ser que alguien este en ese líquido y que no sea agua sino algo distinto y maléfico.

Ya en una ocasión, en que ciertas damas se estaban bañando en un liadísimo lago, de repente sintieron unas manos que les tomaba por los chamorros y fluían entre la entrepierna perfilándose con cierto rumbo ascendente y con cierta dirección, y sintieron unos labios besando sus rosados cuerpos. La sorpresa fue cuando de repente se perfilo un rostro sonriendo dentro de esas aguas, ya que el acto de la pasión estaba rompiendo el hechizo e hizo salir a las damas del lago tan rápido como pudieron. Y al termino de su salida solamente quedo un mancebo ahí sentado que les miraba lánguidamente.


Amigo lector, la próxima vez que te encuentres algo extraño ten la seguridad de que un Nahual como el güero esta detrás de esto. Tata-tacha.
No vemos la próxima.

Celia Rivera Gutiérrez
Cd. Obregón Sonora
Octubre 18 del 2009

jueves 8 de octubre de 2009

EL CHACAL

Era enjuto, de tronco corto y extremidades inferiores largas, voz ladina casi parecida a la de mujer y su cara lampiña, ningún asomo de barba o bigote . Se le veía la cintura bien arriba y algunos le decían chaquetas, por su aspecto extraño. Casi siempre usaba un overol de mezclilla y cuando le querían ver llorar le cantaban “LA PRIETA LINDA” Decían las malas lenguas que se había casado con una hermosa mujer morena y lo había abandonado por otro. Así, que se había quedado en perpetua soltería el resto de su vida.


Se le veía en la iglesia durante las misas con la canasta de recabar limosnas para esta. Por la mañana después de la misa de madrugada se iba a la cantina a tomarse una canelita caliente bien cargadita de tequila. Se decía que le robaba algo a la canasta de las limosnas para su tequilita. Cierto o falso, ¿Quién lo sabe?. Lo que si era cierto, que la herencia familiar la administraba su hermana mayor con mano de hierro y lo que le faltaba a él en la voz lo tenia ella y el bigote que a él le faltaba a ellal e salia. No le daba ni para gastar aunque él y su cuñado eran los que hacían producir las tierras de la familia.

Ya estaba viejo y enjuto su rostro, apenas se podía mover y seguía su rutina de las misas y la cantina. Cualquiera diría que era un santo varón inofensivo.


Un día enfermo de gravedad, le dio chorro y se puso amarillo, porque se decía que se le había derramado la bilis debido a que se le apareció el diablo en forma de fantasma lejano de sus años más jóvenes. En esta ocasión el diablo iba acompañado de la muerte y llevaba pistola que desenfundo al verlo. Casi se surra ahí mismo al ver semejantes personajes que le traían de regreso sus actos anteriores


Un día el chacal entró a la cantina muy tranquilo cuando de pronto un hombre a boca de jarro hace que le llegue una voz fuerte y decidida increpándolo y al mismo tiempo desenfundando una pistola que apuntaba directo a su persona. Era un hombre bien vestido y parecía extranjero, más bien chicano. Viéndole a la cara demudada y angustiada del chacal el hombre le increpo diciendo:

-¿Aun no te mueres chacal hijo de la chingada? Pues ahora se te acaba de aparecer el diablo y se te llegó tu hora… era lo último que esperaba ver en este pueblo, pero me toca a mí mandarte a los infiernos-


El chacal demudado se arrodillo pidiendo no le matara y preguntándole quien era y por que le quería matar.


El hombre con su cuerpo erigido y mirando con fuego en sus ojos que parecían dos ascuas a punto de lanzar fuego sobre el pobre diablo que se hacia cada vez más chiquito le dijo:


¿Recuerdas a la familia Anestroza?... Sí… aquella a la que un día por la noche llegaste junto con tus revolucionarios dizque cristeros y nos sacaron de la cama donde dormíamos, y nos desnudaron y nos ataron las manos y los pies para que no nos defendiéramos. Tu te reías y comandabas esas acciones de matar gente que no te agradaba tan solo por envidias o para quedarse con sus pertenencias, hacías creer que éramos delatores con el supremo gobierno, ¿Lo recuerdas? Yo soy Santiago, el hijo menor que vio, como con saña matabas a cada uno de mi familia, comenzando por mis padres y siguiendo con mis hermanos ¿Lo recuerdas? Yo me encomendé a la Virgen de Guadalupe y no se como logre escapar y que no me atraparas a pesar de que estaba atado de mis pies y mis manos y que me tenias desnudo. Creo que la virgen me hizo invisible a tus ojos. Pero hoy me pone frente a ti para cobrártelas todas juntas.


El desconocido apuntó directo al entrecejo del chacal y lo atravesó con su mirada que era como el filo refinado de un puñal que laceraba el alma fría del pobre infeliz. Un cúmulo de recuerdos paso frente a su memoria recordando cada acto que realizara escudándose en la fe de los revolucionarios cristeros que eran tan ciegos como él. Y que le permitía sacia impunemente sus instintos sanguinarios tras la imagen de un Dios que nunca pidió se matara en su nombre.


Lloró como el cobarde que fue siempre y suplicó por su mísera vida. Santiago vio la miseria que tenia delante suyo y supo que no merecía la pena llenarse las manos de sangre por semejante sabandija. Y con voz firme como de rayo le dijo. Vete y asegúrate que no te vuelva a ver porque de ser así ahí mismo te quiebro.


El chacal nunca más pudo salir a la calle, se enfermo y la vida le cobro cada acto que había hecho al ponerle a su cómplice de antaño “la muerte” frente a su propia cara.


NOTA

No se ponen nombres reales, solo el apodo de “él chacal” por si alguien le conoce o es pura coincidencia con quien conozcan



PD.- a Caballero en epoca equivoca su continuacion sera en los comentarios,

lunes 28 de septiembre de 2009

CABALLERO EN EPOCA EQUIVOCA-PARTE V

PARTE V

El hambre hacia presa de sus intestinos a tal punto que se vio así mismo que destazaba un cerdo y lo asaba en una fogata de gruesos leños, veía a sus compañeros como reían y le arrebataban los trozos que acababa de cortar para saciar su hambre y reían, y reían, reian cada vez que el intentaba llevarse un trozo a la boca y se lo quitaban antes de que llegara a ella, con desesperación asió un trozo con fuerza y lo sostuvo junto así mirando como trataban de quitárselo, entonces les gritó ¡Bellacos! ¿Pretendéis dejarme morir de hambre? Gesticulo con tal fuerza para retener el trozo que se despertó asiendo un trozo de tela que yacía a su lado. Se sentó, miro en su entorno y pensó que todo era un mal sueño y que solamente el hambre era de verdad. Se desperezo y salio de nuevo a los corredores tan solo para darse cuenta que todo seguía igual y que una de dos o seguía soñando y había despertado de un sueño dentro de otro sueño. O el mundo se lo habían cambiado.
Su hambre era tan real, que de eso no caviar duda. Regreso a su precaria habitación, la que aun no sabía como se había convertido en tal cosa, ya que ese cuartucho solamente era una habitación escondida de toda la finca para cuando necesitaba esconderse por alguna razón. Desde ahí podía bajar por una escalera escondida y salir al exterior en caso necesario. Así que como el hambre no cedía fuera sueño o no, decidió salir por ese túnel del cual él y su señor habían hecho uso en más de una ocasión en casos difíciles que se les habían presentado, o simplemente para irse de juerga en forma anonima.

Abrió la puerta sigilosamente, se asomo al corredor que descendía paulatinamente vio las gradas llenas de moho y polvo acumulado, decidió salir por ahí para ir a buscar algo de alimento, tomó una vieja antorcha para alumbrarse y unos ducados. Iría a la taberna donde estaba la moza de sus sueños a ver que le podían servir y se reiría de su pesadilla, pues aquello tenía que terminar de alguna forma.

Por los largos corredores se atravesaban las ratas y las telarañas que daban cuenta de que hacia tiempo no se habían usado ese pasadizo. No desistió, el hambre cada vez era más intensa y no podía dejarlo para después. Así que continuo su camino hasta que por fin vislumbro la salida, solamente la protegía una roca que simulaba muy bien la entrada desde el exterior. Conocía el mecanismo para hacerla girar y solamente tendría que salir y respirar aire puro e ir a la taberna a cenar. Que alivio le proporcionaba saber que esa tortura pronto terminaría y estaría riendo a carcajadas cuando encontrara a sus compañeros de juerga.


CONTINUARA

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